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viernes, 13 de septiembre de 2013

Carta 9 - "El trabajo fuente de libertad, progreso y realización del ser humano."

Lunes, 18 de febrero de 2013.
Carta 9.- A los jóvenes.
“El trabajo fuente de libertad, progreso y realización del ser humano.”

            Dice Federico Engels en su famoso folleto sobre “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”: “El trabajo es la fuente de toda riqueza, afirman los especialistas en Economía política. Lo es, en efecto, a la par que la naturaleza, proveedora de los materiales que él convierte en riqueza. Pero el trabajo es muchísimo más que eso. Es la condición básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en tal grado que, hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre.”
            Con tal valoración del trabajo ¿alguien pensaría que los socialistas somos partidarios de pensar en “el fin del trabajo”? ¿En incentivar la vagancia, la haraganería o la fiaca? Hacemos una defensa viva del trabajo. Y decimos que: así como marcó cada etapa de la historia de la humanidad lo seguirá haciendo hacia el futuro.
            Un proyecto político debe definir con claridad cuál es el rol que le asigna al trabajo en el desarrollo social. Por ejemplo: la postura xenófoba de Carlos Ruckauf (PJ) en el sentido que los extranjeros que trabajan en el país le roban el trabajo a los argentinos, resulta despreciable desde la solidaridad humana y falsa en la realidad. Para nosotros la Argentina del futuro se sostiene en más y mejor trabajo.

Sociedad e historia.
            Nosotros incorporamos a la valoración del “trabajo” una mirada a la organización de la sociedad en la que este se ejecuta. Es la sociedad la que determina en gran medida que papel le cabe a cada uno.  Así, el trabajo para un individuo puede ser una bendición creativa, liberadora, fuente de alegría y bienestar o por el contrario una maldición base del dolor, el sufrimiento y la explotación.
            La historia del trabajo es la historia de la humanidad. Quizás la mayor parte del tiempo el trabajo representó para el pueblo el origen de todas sus desgracias. Pensemos en las épocas en que conseguir el alimento consumía todo el día, repasemos el esclavismo, el feudalismo, los primeros dos siglos del capitalismo. ¿Qué ilusión podía ser superior a terminar con el trabajo?
            La sociedad dividida en clases puso en el trabajo esforzado de las mayorías la peor parte, la más dura, la más sacrificada y en cambio, en las minorías privilegiadas el goce del ocio, el descanso y la recreación. ¿Cómo evitar en la cabeza popular la quimera de vivir como los ricos? ¡Vivir sin trabajar!


Trabajar es un deber social.

            De una forma o de otra todos sabemos que debemos trabajar. Dice Martín Fierro: "Debe trabajar el hombre. Para ganarse su pan. Pues la miseria, en su afán. De perseguir de mil modos. Llama a la puerta de todos y entra en la del haragán”. La miseria entra en la casa de los pobres. Y es esa miseria y la falta de pan la que utiliza el sistema para disciplinar el trabajo de las mayorías. De esta manera para los pobres trabajar no es un deber, sino una necesidad imperiosa para no sucumbir definitivamente como seres humanos. Para la minoría rica, en cambio, la opción es: “trabajar o no”. Cuando trabaja no lo hace como deber sino como placer. Y cuando lo desea no trabaja. Así el trabajo muestra distintas caras de acuerdo al lugar que se ocupe en la sociedad. Unos trabajan bajo la amenaza del hambre y otros como opción al tiempo libre; dejando en ambos casos de lado el carácter de “deber social” que lo ubicaría en una situación distinta a la actual.


Los de abajo a veces estallan.

            En la sociedad capitalista la fuerza de trabajo es una mercancía más. Pertenece al trabajador, pero sus condiciones de existencia lo obligan a venderla en el mercado al mejor postor. Quienes compran la fuerza de trabajo son los empleadores. No nos detenemos en estas líneas en el carácter moral de esta compra-venta, ni en la producción de la plusvalía o en que el trabajo complejo resulta “más caro” y el trabajo simple “más barato”. Nos circunscribimos a señalar que: como mercancía todo empresario-empleador busca pagar el mínimo posible para, así, optimizar su rentabilidad económica. Siempre el empleador busca pagar el mínimo y el trabajador busca ganar el máximo. De aquí deviene una contradicción que, en la sociedad actual, se busca resolver en negociaciones que pocas veces resultan sencillas y equilibradas. Esta contradicción late todo el tiempo.
            Cuando no se puede superar y las injusticias y las necesidades de los trabajadores  son extremas terminan en grandes luchas sociales. Ejemplo 1: en nuestro país la reconversión neo-liberal llevó la tasa de desempleo a un nivel tan alto, que la capacidad de negociar por parte de los trabajadores se derrumbó. Se precarizó el trabajo, se flexibilizó la legislación y cayeron los salarios. (Baja del costo laboral) Cuando esto se hizo insostenible, la rebelión popular puso las cosas en otro lugar y reconquistó derechos de los que hacía décadas no gozaba. Naturalmente, sin llegar a cambiar el sistema. Ejemplo 2: en algunas áreas de nuestro país las condiciones laborales pueden ser extendidas al transporte, dado que las distancias son enormes y consume un buen número de horas diarias trasladarse hasta el lugar de empleo. Tan inhumano e ineficaz resultó este servicio (Baja del costo laboral) que en el oeste del GBA desde 2005 en tres oportunidades los usuarios quemaron las formaciones de trenes, llamando la atención de las autoridades. En 2012 la tragedia de Once (con 51 muertos y más de 700 heridos) llevó los reclamos al punto más alto. También aquí la lucha popular resulto la base de algunos avances en la prestación del servicio.
            Como vemos las cosas mejoran cuando el pueblo trabajador lucha por sus derechos. Esto a su vez incentiva al sistema que, para mantener la tasa de ganancia, se ve obligado a  incorporar mejoras de todo tipo en la producción.


Avance en la productividad.

            En el último siglo la evolución del trabajo muestra enormes saltos cualitativos. Gracias a la revolución científico técnica se han ido eliminando trabajos esforzados y destructivos de la salud humana en el agro, la industria y los servicios. Al mismo tiempo se incrementó la producción. Mucha gente (que abandonó los rubros en los que el trabajo anterior fue eliminado por el uso de nuevas tecnologías) se incorporó a la producción de conocimientos. La era de la información, las comunicaciones, la robotización y el conocimiento nacida en el siglo XX, toma toda su potencia en el siglo XXI. Cada día las innovaciones -fruto de la creatividad del trabajo- nos dejan sorprendidos.
            Entonces, más allá de nuestra valoración moral, ¿Estaremos llegando a “El fin del trabajo” como sostiene Jeremy Rifkin en su libro? Sostenemos enfáticamente que no. Que son tantas las injusticias sociales a superar, las calamidades humanitarias a resolver, las catástrofes ambientales a enfrentar, los lugares públicos y privados a embellecer, y millones de tareas más; que felizmente la necesidad de trabajar se mantendrá por siempre. Si, insisto, más allá de las técnicas actuales que desplazan una enorme cantidad de personas de las áreas agropecuarias, industriales o de los servicios. O simplemente las empujan a una desocupación estructural.


Nuestra necesidad.

            En Argentina necesitamos que todxs trabajen. Trabajo de calidad, bien organizado y eficiente. Tener claro un “Proyecto de País” y en él coordinar el sistema educativo, científico, tecnológico y productivo. Más allá de nuestros deseos, debemos comprender que los países ocupan un lugar en “este mundo” conforme su capacidad productiva. Una economía nacional necesita ser competitiva para insertarse en la región y en el mundo. Los argentinos representamos el 0.6% de la población mundial y debemos saber con claridad en que renglones podemos destacarnos y en cuáles no. Este tema lo desarrollaremos en otras cartas.
            Por el momento nos alcanza con decir que es infinito el trabajo que podemos y debemos hacer para seguir mejorando la vida.
           

El trabajo es una creación humana.
            Y como tal todos somos capaces de generarlo. Unos con mayor ingenio e iniciativa, otros con menos. Siempre comprendiendo que un trabajo genera otro trabajo; es decir, el trabajo se multiplica en su propia realización. Si fuera un producto finito, nadie entendería porque sobre una superficie pequeña Japón logró pleno empleo para una población económicamente activa de 70 millones de personas. Entonces que quede claro: no es una dádiva de los empleadores públicos o privados. Es una creación en la que todos debemos estar involucrados.


Nuestra diferencia.

            Nuestra diferencia con el orden actual estriba en que tenemos otra mirada política y cultural a la hora de evaluar la “actividad trabajo”.
            Desde lo individual porque consideramos que nadie debe ser ajeno a ninguna de las formas en que se ha manifestado el trabajo hasta aquí: el trabajo manual y el intelectual; el trabajo económico, familiar y social. Así la persona se realiza en plenitud y no cae en la alienación que produce la inclinación exclusiva por una u otra forma.
            Desde lo social porque al “trabajo-empleo” que realizamos en el marco del sistema, debemos sumar el “trabajo social” imprescindible para mejorar las condiciones de vida de toda la sociedad. Hoy son muchos los que realizan un “trabajo social” voluntario. Están los voluntarios que van a un hospital, los que sostienen a los clubes de barrio, a las sociedades de fomento, a los centros de jubilados. Son hacedores de buena voluntad que dan indicios sobre un “trabajo social” futuro tan importante como el trabajo al interior de una empresa.

            Imaginemos, por el solo hecho de pensar un presente y un futuro distinto, en  algunas necesidades sociales en una población X. Pueden ser 10 manzanas en el GBA con 2.000 habitantes o cualquier otro ejemplo. En esa población podríamos tener un maestro en nutrición. Sería un profesional nutricionista o alguien que se capacitara en tal sentido. Que recorriera las viviendas del barrio y conversara con los vecinos. Que influyera positivamente y llevara a cabo las acciones necesarias para erradicar el hambre, evitar la desnutrición o mejorar los hábitos alimenticios. Que distinguiera la necesidad de nutrición de un bebe, de un niño, un adolescente o un abuelo. Etc. Podríamos pensar en un promotor de la saludEn muchos educadores de las más diversas materias. En promotores del deporte, buscando el mejor para cada uno. Soñar con un maestro arquitecto que ayudara a embellecer las casas por dentro y por fuera. El barrio, sus plazas, sus lugares públicos. Un organizador de la seguridad barrial. En fin, será una Democracia Participativa la que podrá ordenar de la mejor forma lo que aquí pensamos como el deber del “trabajo social”.
            A todo esto debemos sumar el “trabajo familiar”. Que es mucho y muy importante.
            Este trabajo ¿debería ser reconocido? Si desde lo espiritual y también desde lo material. Esta ingeniería merece otro capítulo.

            Por ahora recordaremos que en el capitalismo se llama “trabajo” a aquella actividad económica que produce valor para el mercado y plusvalía para la empresa. Trabajo es el que crea plusvalía para la reproducción y acrecentamiento del capital. Al otro trabajo, de una u otra manera, el sistema no lo reconoce.  Por eso durante mucho tiempo se sostuvo que “trabajo es el del hombre que sale a ganarse el pan de cada día. En cambio la mujer que queda a cargo de los hijos -aunque se esfuerza- no trabaja. Por eso él gana plata y ella no”. Esta lógica va quedando en el pasado, aunque todavía no está correctamente superada. Debemos reemplazarla por otra que diga:

            Trabajo es toda acción que conlleve una consecuencia útil para la sociedad. Y como tal debe ser reconocido. El trabajo es un derecho al mismo tiempo que es un deber. Su naturaleza irá mutando conforme la creatividad lo vaya imponiendo y debemos garantizar que este proceso no se vea interrumpido. Así cada uno podrá realizarse como persona. Condición inexcusable para la propia realización de la sociedad.
            Siempre existirá un piso de producción imprescindible para el sustento material y la  superación de la sociedad. Y eso debe ser garantizado con la cantidad de trabajo necesario. Más allá del mismo sobrevendrán las actividades que sirven para mejorar y embellecer la vida. Y así “vivir y trabajar” serán una síntesis y dejarán de ser una disyuntiva.


Mario Mazzitelli

Sec. Gral. Nac. del PSA (Argentino)

Carta 8 - "Una vía argentina al Socialismo."

Jueves 14 de febrero de 2013
Carta 8.- A los jóvenes
“Una vía argentina al socialismo.”
“Un camino al socialismo ético, humanista, ambientalista, libertario y latinoamericano.”                     

Si en estas cartas he avanzado desde lo inmaterial (emociones, sentimientos, ética, valores, principios, etc.) hacia lo material (la sociedad que habitamos), es momento de dar un paso.
Voy a proponer para el debate, un análisis para defender el Proyecto Político que nos alienta.                                                                   

Desde los albores de la Patria el ideal del socialismo siempre brilló en el horizonte argentino. Los gérmenes los encontramos en la resistencia y lucha de los habitantes originarios a la dominación colonial, en las luchas de Manuel Belgrano, Mariano Moreno, San Martín y casi todos los próceres de la independencia, en los escritos de Esteban Echeverría, Juan B. Justo, Alfredo Palacios y muchos miles que supieron defenderlo desde el campo teórico y práctico; en los trabajadores que organizaron los sindicatos, en los jóvenes que impulsaron la Reforma Universitaria, los que protagonizaron el 17 de octubre, en los que cayeron a lo largo de los años víctimas de la represión del sistema; también lo encontramos en muchos “otros” que lo defendieron por intuición o expresión de humanidad. 
Este bagaje puede decirnos mucho o poco. Hoy debemos abordar la realidad concreta para descubrir si existen intereses materiales capaces de poner en marcha con probabilidades de éxito un Proyecto Nacional cuyo objetivo central sea la Justicia, que se realiza en el Socialismo.
           

Tres proyectos pugnan en Argentina a la luz de la experiencia histórica.

Hagamos un pequeño ejercicio analítico. Analizar resulta de des-componer el todo en sus partes y buscar luego una síntesis que nos dé una respuesta aceptable sobre el comportamiento dialéctico del todo. El socialismo científico identifica en las clases sociales una clave, la base material, para entender las luchas y los acuerdos que se suceden en la sociedad.
A partir de allí elaboramos una teoría y la sometemos a la fuente de verdad que es la práctica histórica. A todas luces una teoría debe verificarse en la práctica. Cuando su explicación no es suficientemente satisfactoria se elabora una nueva teoría que es puesta a prueba nuevamente. Así nuestras ideas se van acercando a una comprensión del movimiento real y nuestra intervención resulta más eficiente en torno a los objetivos que nos planteamos.
Nunca una teoría puede abarcar toda la realidad, ni explicar todos los hechos. No puede adelantar el futuro sino en líneas generales, dado que interviene la inteligencia y creatividad que da por tierra con lo que se daba por seguro. Mucho menos cuando la “pelamos” al punto de transformarla en un esquema. No obstante, para nuestros fines el “socialismo científico” sigue dando la mejor explicación a la historia argentina de los últimos años. Por eso buceamos la realidad económico-social para encontrar a los sectores en capacidad de llevar adelante un Proyecto. Digo sectores y no clases porque observo que las fronteras no están perfectamente delimitadas y además hay cruces verticales que van desde lo ideológico a lo económico. Apuntar estas complejidades no puede desalentarnos en la búsqueda de explicaciones racionales al devenir de la política argentina.
Muchos analistas y dirigentes políticos, simplificando la realidad al extremo, han visto dos grandes Proyectos: el Nacional y  el Imperial. Las consignas: Patria Si, Colonia No, Liberación o Dependencia, son la síntesis. Esquema simple, binario, es atractivo para el orden conservador. Dos partidos, uno más volcado a la Nación, más popular, de centroizquierda y otro más vinculado al extranjero, sostenido en las capas más acomodadas, de centroderecha.
Nosotros, en cambio, observamos en el pasado y en la proyección al futuro la lucha de tres proyectos en “pugna y concurrencia dialéctica”. En el marco de una realidad dinámica y compleja, que pone en cada momento el acento en una cuestión distinta, se pueden encontrar superposiciones tácticas de unos con otros. Pero sin lugar a dudas son proyectos distintos.


Les propongo un esquema-juego.

En función de la brevedad digamos “quienes son los integrantes” que pugnan con sus respectivos proyectos:
P1.- Un proyecto neo-colonial, sostenido por los sectores más altos y trans-nacionalizados, en alianza estratégica  con las potencias dominantes,
P2.- Un proyecto de capitalismo nacional con eje en las capas propietarias nativas y que busca distintas alianzas arriba y abajo, para mantenerse y desarrollarse, y
P3.- Un proyecto de socialismo argentino con fuerza en la juventud y la clase trabajadora. Que debe convivir con sus adversarios y superarlos planteándole a la Nación las tareas históricas que los otros dos sectores son incapaces de ejecutar.

Este esquema-juego, ya lo dijimos, no explica todo. Se podrían agregar más jugadores e incluso encontrar muchos elementos que lo contradijeran. Pero su fuerza, justamente, proviene de desechar todos los elementos que nos llaman a confusión y retener aquellos que constituyen lo esencial. Así podemos ubicarnos en el punto de vista de los sectores populares mayoritarios por excelencia, resolviendo con escaso margen de error, las sucesivas cuestiones: nacional, social, institucional, económica, internacional, que se nos presenta en cada oportunidad. Esto nos da una visión estratégica particular.
           
Ahora veamos qué objetivos buscaba cada uno de estos tres sectores en la álgida década del 70. A grandes rasgos cada uno buscaba:
P1.- el Imperialismo y la Oligarquía pugnaban por hacer pertenecer a la Argentina al mundo occidental y capitalista. Lejos del comunismo y de cualquier experiencia anticolonialista. Subordinada al orden neo-colonial imperante. Su ropaje fue liberal para que no se vieran los privilegios espurios que defendían.
P2.- el PJ, la UCR y muchos otros sectores populares querían un“capitalismo nacional” no subordinado a los deseos y las necesidades del imperio. Productivista, industrialista, desarrollista. La Patria Metalúrgica en boca de algunos.
P3.- sectores de la clase trabajadora y la pequeña burguesía, los socialistas, parte importante de la juventud y de la intelectualidad aspiraban a una sociedad liberada del imperio, sin explotados ni explotadores.La Patria Socialista en boca de otros.

Con estos elementos hagamos funcionar el esquema-juego en el contexto histórico real.
Después del golpe imperialista-oligárquico-militar y civil (P1) de 1955 se produjeron importantes acercamientos políticos de los proyectos de “capitalismo nacional” (P2) y “socialismo nacional” (P3).
Estos dos últimos proyectos tenían coincidencias y diferencias. En algún sentido el planteo de socialismo (P3) no podía realizarse sino en un país liberado de las ataduras del imperio (P1), en el que debían realizarse las tareas propias de una burguesía nacional (P2) y eso tendía puentes hacia este sector. A su vez, esa burguesía necesitaba para su desarrollo local y su competitividad con el Imperio, una alianza con el sector trabajo.
La lucha de aquellos años no tuvo descanso. A las contradicciones de intereses materiales mencionadas más arriba, se sumaban un conjunto enorme de cuestiones subjetivas, rivalidades de distinto tipo, cuestiones ideológicas, simpatías y antipatías, que también hacen a la historia. Aunque no la explican cuando las desvinculamos de la base material en la que se asientan. Para reforzar este punto de vista observemos que: la mayoría de los trabajadores –incluso muchos de origen socialista, comunista o anarquista- eran peronistas y la mayoría de los sectores acomodados de la sociedad anti-peronistas. Las excepciones, que las hubo y en gran número, confirman la regla.
En el 62 se dio otro golpe y en el 63 elecciones. En el 66 nuevamente golpe de Estado. En ese contexto, sin institucionalidad ni reglas claras, las luchas se exacerbaron y todos los métodos se legitimaron.
La clase trabajadora fue acumulando los programas de La Falda (1957), de Huerta Grande (1962) y el Programa del 1° de Mayo de 1968 de la CGT de los Argentinos. También un conjunto enorme de luchas reivindicativas. Los estudiantes avanzaron en su organización a través de los centros de estudiantes y las federaciones. Un sector de la juventud abrazó la política. Otro incorporó el ejercicio de las armas. En 1969 se producirá el Cordobazo con la confluencia de los trabajadores, los estudiantes, la juventud y la simpatía de millones de compatriotas. Era el fin de la primera etapa de aquella dictadura. El avance de las fuerzas populares era impetuoso. Marchaban en  el sentido de un cambio estructural (P3). Las grandes fuerzas políticas PJ, UCR, Udelpa, PSA (P2 y 3) se reunieron en la Hora del Pueblo. Hubo otros entendimientos también. Había un enemigo común: la dictadura (P1), a la que había que derrotar. Finalmente la dictadura no pudo sostenerse. Elecciones en 1973.
En el campo del Pueblo pugnaban por imponerse dos proyectos: La Patria Socialista (P3) y la Patria Metalúrgica (P2). De hecho en la gestión naciente el 25 de mayo de 1973, hubo representantes de los dos proyectos. Podemos afirmar que la gestión en el gobierno de “ambos” fue de muy baja calidad. Aprovechando ineficiencias, divisiones y luchas intestinas del campo popular; en las sombras se organizaba la contraofensiva por parte de las fuerzas pro-imperialistas, oligárquicas, militares y civiles reaccionarias (P1).
A partir de la triple A y el golpe de Estado del 76, el proyecto socialista (P3) fue devastado a sangre y fuego y el proyecto de capitalismo nacional (P2) duramente golpeado a través de la des-industrialización, la desocupación, el surgimiento del cuenta-propismo y la re-primarización de la economía. El 2 de abril de 1976 Martínez de Hoz sería el encargado de contarle al país los beneficios del viejo liberalismo, resucitado como neo-liberalismo, para imponer el neo-colonialismo (P1).
La regresión del terrorismo de Estado fue tan brutal que en ese momento se dejó de debatir: ¡cómo se organizaría la vida de los argentinos!, para remitirnos a la cuestión de: ¡cómo defender la vida de los argentinos! Podríamos decir: Proyecto 0 (cero). (P0) La política también se re-primarizaba.
La derrota en los campos político, cultural e ideológico, fue tan profunda, que nuestro pueblo quedó sin Proyecto Nacional (P0). Volvimos a ser una suerte de Nación subalterna, subordinada a un orden internacional que se afianzaba con centro en los EEUU y sus aliados de Europa y Japón.
En los 80, la situación económica había empeorado para la inmensa mayoría de los argentinos. La política neo-colonial empezaba a mostrar sus efectos. La situación política se volvió inestable. El pueblo a través de sus organizaciones más lúcidas comenzó a organizar una ofensiva para la etapa. Hubo mil pequeños actos culturales y políticos de resistencia. De hecho el 30 de marzo de 1982, masas de trabajadores y jóvenes irrumpieron en la ciudad de Buenos Aires, mostrando que la dictadura ya no podía manejar la calle. En ese marco la dictadura pretendió prolongar su estadía en el gobierno con la toma de Malvinas el 2 de abril de 1982. El acto anticolonialista, de un gobierno neo-colonial, desató una crisis sobre la crisis. La derrota puso en un tembladeral todo lo existente.
A la estructura neo-colonial le correspondía una superestructura opresiva (la dictadura) (P1), dado que iba contra los intereses y las aspiraciones de las mayorías nacionales (P2 y 3). Pero esa superestructura entraba en “crisis terminal” porque tampoco respondía a los intereses del imperio.

                                                  
Vuelta a la Democracia.

Desde ese subsuelo al que habíamos descendido, debíamos retomar el camino ascendente. Y este iba a ser escalón por escalón. La democracia postergada una y otra vez durante 100 años, (tras las múltiples experiencias de elección y golpe de Estado), se constituyó en el estadio a conquistar. ¡Que más! Cuando se viene del infierno no es sencillo alejarse de él todo lo necesario y restañar heridas y quemaduras, que aún sangraban en la carne de muchos y en la conciencia de casi todos.
Consolidar la Democracia y las Instituciones de la Constitución Nacional fue una tarea encomendada a la UCR y su líder Raúl Alfonsín fue el mejor intérprete. La política recuperaba su centralidad con la soberanía popular como respaldo. Grande fue la alegría y la ilusión.
Pero ahora estaba más condicionada que nunca desde la superestructura del Imperio (Ocupación militar en Malvinas, FMI-BM-etc.) y la estructura local (Grandes Grupos Económicos nativos y extranjeros en todas las áreas, las Fuerzas Armadas residuales, sectores de la Iglesia, etc.) (P1). ¿Cómo podría imponer su voluntad (P2) un gobierno que apenas contaba como factor de poder el voto popular, sin que sobre-vinieran: crisis económicas, fugas de capitales, inflación, levantamientos militares, look-outs patronales, etc.? En ese dilema se debatió el gobierno de Alfonsín. En algún momento pensó en la Unidad Nacional, pero esta apenas resultó en una expresión de deseos, sin contenidos claros ni convicción. El proyecto socialista (P3) estaba disminuido a su mínima expresión. Sus principales dirigentes, sobre todo juveniles, habían sido neutralizados de varias formas incluidas la muerte y desaparición. Y las mayorías populares tenían problemas más urgentes y cercanos que resolver.

En el año 89 Alfonsín cerraba su ciclo como presidente, en medio del caos económico y social. Hiperinflación, desabastecimientos, saqueos. El (P1) mostraba todo su poder ante las fuerzas democráticas. Esto también era una señal para el gobierno entrante.

Era el turno del PJ. Menem de alguna manera venía en representación del (P2) Revolución Productiva y del (P3) Salariazo.
Pero las dificultades eran muchas. Al caos económico-social heredado y las demostraciones de Poder del (P1), se sumó la caída del muro de Berlín (Nov 1989). Más tarde habría de derrumbarse la experiencia más grande de la historia del llamado “socialismo real” con la desaparición de la URSS (1991) El debate al interior del PJ y del círculo de Menem, se circunscribió al modelo de capitalismo a seguir. (P1 o P2) (P1).- Un capitalismo subordinado, dependiente, neo-colonial, de rodillas y con relaciones carnales ante el imperio, que venía a cumplir los deseos más oscuros de los grupos más reaccionarios de la etapa de la dictadura o (P2).- Un capitalismo nacional, que retomara las viejas banderas de Justicia Social, Soberanía Política e Independencia Económica. En un mundo que le resultaba hostil a esta segunda opción, descalificada con el mote de populista, el PJ casi por unanimidad optó por la opción del neo-colonial. Menem y toda la cúpula del PJ fueron los responsables que entregaron la Nación.
Con todo, el centro de gravedad político siguió pasando por el PJ, donde desde hacía más de 50 años tributaba la clase trabajadora y la inmensa mayoría de los sectores populares. Claro que -como venía quedando demostrado- una composición tenía la base proclive a los proyectos (P2 y 3) y otra la dirigencia subyugada por el proyecto neo-colonial (P1). En esta última, la cúpula del PJ, prevalecían vastos sectores acomodados y exitosos de los diversos modelos económicos y políticos que se habían sucedido desde el 76 en adelante. Por eso fueron tan receptivos al mensaje liberal que tenía por protagonista histórico a un personaje situado en las antípodas del peronismo como Álvaro Alzogaray.

Digamos que en los 90 “Menem fue lapidario”. Entendió que solo se podía preservar la superestructura democrática con él y el PJ en el gobierno. (Hedonismo del Poder y corrupción mediante). Luego había que ceder en todos los terrenos. Así el proyecto de dominación neo-colonial (P1) se afianzó en la Argentina bajo el mote de “globalización”. Esta etapa es acompañada por los dos partidos mayoritarios y el Pacto de Olivos (PJ-UCR) resume toda una época: avance en algunas instituciones democráticas por un lado y entrega de todo el patrimonio nacional por otro.
Cuando esta opción empezó a resquebrajarse dando muestras incontrastables de agotamiento en lo social, económico, moral y político, vino la Alianza. UCR-Frepaso. Con De La Rúa como presidente y los progresistas de Chacho Álvarez acompañando. No vinieron a clausurar la experiencia, ni siquiera en lo moral, sino a profundizarla. Todo termino en la catástrofe de 2001. Las luchas populares de diciembre de aquel año pusieron de manifiesto que el modelo neo-colonial “no funcionaba”. Se habían subordinado las Fuerzas Armadas, el PJ y la UCR a lo largo de 25 años. Igual “no funcionaba”. Hubo represión y muertos. Pero igual cayó. ¿Fin del (P1)?.
No nos apresuremos a dar de baja una pieza de nuestro esquema-juego, porque aquí son más durables que las del ajedrez.

      
De nuevo el PJ.

Antes de que finalizara el 2001 ya estaban de vuelta en el Poder. El PJ no tiene nada de tonto. Se ordena en torno al manejo del Estado. Allí acomoda todo lo que puede. Haga falta o no. Para lograrlo, muestra una enorme capacidad de adaptabilidad. (Podríamos decir que en este sentido es Marxista. “Como desea manejar el Estado y necesita del respaldo popular para realizarlo, tiene sus principios; pero si, conforme cambian los humores populares y la realidad, tiene que usar otros principios; también los tiene”. Quise decir Marxista en referencia a Groucho Marx y no a Carlos. El asunto es quedarse siempre con el manejo del Estado. Esto muestra la dificultad de caracterizar al PJ. Dado que cualquier definición sobre el mismo que pretenda prolongarse en el tiempo choca más tarde o más temprano con la dialéctica cambiante del partido político más grande y dinámico de la Argentina. ¿Estarán con el (P3) cuando les resulte conveniente?).
Queda claro que con la administración transitoria de Rodríguez Saa y la asunción de Duhalde hay cambios en el modelo, que comienza a volcarse al proyecto (P2) relegado en 1989 y que más identidad guardaba con el peronismo histórico. Las dos medidas claves con las que se superó la crisis fueron tomadas en el transcurso de una semana:suspensión del pago de la deuda externa y salida de la convertibilidad con una fuerte devaluación. El sector que puso el hombro para sortear la crisis fue la clase trabajadora asalariada, acompañada por los más pobres y vastos sectores medios. Eso dio lugar a una alianza inestable entre “los piquetes y las cacerolas”.
En 2001/2 Duhalde trató de administrar la coyuntura resolviendo cuestiones apremiantes y poniendo los fundamentos de un nuevo período. El viso de continuidad, ante los ojos de la sociedad, de un Estado represivo (Kosteki-Santillán) no le permitió completar el período constitucional. Elecciones de 2003. Menem (P1), Kirchner (P2), López Murphy (P1), Rodríguez Saa (P2) y Carrió (P2), fueron los principales protagonistas. Quienes sosteníamos el (P3) como en mí caso, quedamos muy postergados. Ganó el (P2).
Un 25 de mayo de 2003, que hubiera correspondido al período constitucional de De La Rua, asumió Néstor Kirchner. Ya tenía claro de que se trataba. Había que retomar las viejas banderas del “capitalismo nacional” (P2): productivismo, industrialismo, desarrollismo, mercado interno, etc. La contradicción principal ahora se sitúo entre el nuevo y el viejo modelo. Razonablemente casi todo el andamiaje anterior (P1) se mantuvo en la nueva etapa. Hubo continuidad y ruptura. Por ejemplo, ahora se sabía que el modelo no funciona con tasas de desempleo desopilantes porque el pueblo se rebela. Hubo que bajar el desempleo. Hubo que pacificar y hacer concesiones. La actividad económica se repuso y la calidad de vida del pueblo se elevó después de 2001/2. Pero agreguemos que el asunto no solo remitió a cuestiones materiales. También hubo que dar señales al espíritu. El tema de los Derechos Humanos resultó paradigmático. También la política exterior poniendo su eje en la unidad sudamericana. Razonablemente el pueblo intuyó que las medidas traerían una mejoría tangible para sus existencias. Observemos cuando en 2005 el gobierno habló de “des-endeudamiento” e “independencia del FMI”, más allá de la falacia en el planteo, el respaldo popular mostró cuanto había cambiado la cabeza de los argentinos. De la misma manera hubo respaldo, más allá de las argucias, para recuperar Aguas Argentinas, Aerolíneas Argentinas, las AFJP, YPF, la nueva Ley de Medios o promover la Asignación Universal por Hijo. En todas estas medidas desde el PSA dimos un apoyo crítico.
El tema de la 125 merece un capítulo aparte. Nació como imposición igualitaria para los pools y para los pequeños productores. Nació reaccionaria. Nosotros (P3) plateamos la incorporación de la segmentación. Así los pequeños pagan poco y los ricos pagan mucho.  Esto que, junto a muchos sectores impulsamos desde el comienzo, finalmente fue aceptado y mejoró el proyecto. El voto de CL en aquella oportunidad nada tuvo que ver con el PSA.

En síntesis, el “capitalismo nacional” (P2) lanzado por Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003, se fue transformando en la nueva realidad y llegó a su apogeo en 2011.
¿Concluyó el kirchnerismo las tareas nacionales (P2) propias de una burguesía independiente del Imperio (P1)? No. A pesar de ciertos avances nacionales ni siquiera recupero aquello que como PJ entregó en los 90. Además dejó profundizar el sistema de intereses neo-coloniales en un conjunto de áreas estratégicas como: la minería, los hidrocarburos, el agro, el deterioro del ambiente, la deuda, la banca, el comercio exterior, etc. Por eso no apoyamos esta experiencia.
Además muestra un conjunto de elementos regresivos (P1). La ley antiterrorista, el Proyecto X, la actitud represiva frente a la defensa del territorio por parte de los pueblos originarios, los asesinatos a miembros de la comunidad Qom, la represión frente a los reclamos de tierra para vivienda, la actitud de ajuste frente a las reivindicaciones sindicales, los muchos muertos de esta administración a lo largo de estos años, la violencia ejercida contra los ambientalistas y vecinos comunes que se oponen  a la minería a cielo abierto, el acuerdo con Chevron, la reculada frente a los fondos buitre, la prórroga de jurisdicción para el tratamiento de la deuda, los acuerdos PRO-K en la Ciudad de Buenos Aires con Elstein, Soros y otros; demarcan con claridad los límites de la experiencia K.
La aceleración de los tiempos da cuenta de un desgaste del gobierno. Algo tendrá que ver la inflación, la corrupción, la inseguridad y otros temas que cruzan la experiencia K. Pero más tiene que ver el inicio del agotamiento de un gobierno en el que predomina el oportunismo y la improvisación.  Incluso la supervivencia de un modelo de “capitalismo nacional” hubiera reclamado la existencia de una planificación que diera un rol claro al Estado y otro al mercado.
Esta experiencia no alcanza siquiera la altura de los gobiernos de Perón. En aquellos tiempos si se hacía uso del “oportunismo” político para alcanzar y mantener el Poder, por otro lado se creaban los planes quinquenales y luego el plan trienal para gobernar. Ahora en cambio hay una conducción vertical -la jefa manda y decide y el resto se subordina y explica-. El “oportunismo” se sigue usando para mantener el Poder y a la hora de gobernar la improvisación. Estos dos condimentos son una constante de la política criolla. Desde el socialismo hemos menoscabado en demasía y ciertamente no está bien, porque algún valor mostró tener la “improvisación” cuando la manejan con cierto talento. Aunque, claro está, nosotros hacemos prevalecer otros valores: la consecuencia en los principios estratégicos y la planificación democrática.
Alguien podría interpelar con justicia: “Si es cierto que el orden actual (P2) comienza a dar síntomas de fatiga y falta de atractivo suficiente ¿Por qué el gobierno resulta ser un actor casi omnímodo?” Sencillo, porque falta una alternativa (P3) que exprese un futuro mejor. Las que hoy prevalecen simbolizan un retorno nostálgico al pasado (PJ-disidente), un progresismo funcional (FAP) o en el mejor de los casos una mirada tecnocrática (PRO) que tampoco enamora porque no alcanza niveles de eficiencia siquiera aceptables, y algunos también advierten que es un retorno al pasado. Otros sectores que exaltan la revolución socialista parecen alimentar más las hormonas magníficas y fulgurantes de un sector de la juventud, que proponer una vía adecuada al socialismo.
Con todo, la realidad parece decirnos que  estamos dando un primer paso hacia una nueva etapa histórica. No fue casualidad que el kirchnerismo (a priori P2), atacara con más fuerza a Proyecto Sur (P2 y 3), que al PRO (P1). Lo que parece decirnos es que: “los avances sociales llegaron hasta acá, que el gobierno ya hizo suficientes concesiones a los sectores populares y que empieza a llegar la hora que el (P2) haga concesiones y trate con indulgencia al (P1)”. Por eso la estrategia del Kirchnerismo y el PRO, es recrear lo que llaman un partido de centroizquierda FPV-PJ (P2) y otro de centroderecha PRO + Aliados (P1). Y lo que molesta es el surgimiento de una alternativa a la izquierda, para el caso Proyecto Sur. El FAP quiere dar muestras de estar en el (P2) puede ser. Pero ese lugar está ocupado por el FPV-PJ. Además el FAP parece ignorar olímpicamente que si quiere ser algo más que una herramienta anti-K, que la derecha usará y desechará con la misma velocidad, tendrá que mejorar sus propuestas, comenzando por advertir que el tiempo histórico demanda una nueva propuesta social (P3). 
El vector del tiempo, que solo va para adelante, marca que una nueva luz va surgiendo en el horizonte. La lucha del proyecto “neo-colonial” (P1) contra el “capitalista nacional” (P2) se empieza a superar en la Argentina. El retorno a las peores etapas del siglo XX resulta inimaginable. La disyuntiva entre los dos modelos va quedando en el pasado. El gobierno parece optar en convivir con el sistema de intereses que en los 90 “él y ella” supieron construir y defender junto a CM. Se acercan (P1) y (P2), y liberan la posibilidad de fortalecer un polo alternativo a la izquierda (P3).
Ya comenzó a observarse la representación de lo nuevo. Los avances en la realidad electoral de 2009 y 2011 así lo indican. El éxito de Pino y P. Sur en 2009 mostró que no solo surgía una fuerza a la izquierda del gobierno, también surgía una fuerza que representaba mejor el futuro. El proyecto socialista (P3), junto a sus aliados, debe construir a la izquierda y adelante del gobierno.

Con el olfato de “Poder” que tiene el  FPV-PJ, no debemos descartar que puedan cambiar hacia adelante. No lo sabemos. Pero ojo: Ahora la contradicción tendrá que ver con la sociedad en la que estamos y las medidas de transición hacia una nueva organización social. El proyecto socialista comenzó a instalarse nuevamente en el horizonte. Después del profundo decaimiento de los 90, en América Latina comenzó a hablarse de Socialismo del Siglo XXI. Ese debate que se desarrolla en muchas latitudes de Nuestra América y la Argentina (otrora vanguardia) no nos será ajeno.
Las cuestiones nacional, social, ambiental, cultural y democrática pueden ser mejor defendidas desde una perspectiva socialista antes que capitalista.
Por eso, muy probablemente, los próximos lustros verán acercarse entre sí al proyecto de “capitalismo nacional” (P2) y al “neo-colonial” (P1) por temor al “proyecto socialista” (P3).
Aunque advertimos que la dialéctica de los hechos puede traernos muchas sorpresas, el avance es inexorable. La Democracia Política (avance ya aceptado por todos los sectores) induce a la Democracia Social (hecho que también comienza a aceptarse cuando se plantea que no hay libertad para quien no tiene que comer) y estas dos inducen a la Democracia Económica. Y esa es la etapa que nosotros estamos buscando desde hace muchas décadas. En definitiva hacia allí vamos los socialistas del Siglo XXI, por una Democracia Participativa Plena.
                                  
               
Nuestro proyecto va a crecer. A veces rápido, a veces lento, pero va a crecer.

La fuerza de nuestro esquema-juego es que representa bastante bien el movimiento de la realidad; pero además, infunde entusiasmo porque redunda en optimismo histórico. Optimismo histórico que deberá dejar de ser ingenuo, como lo fue en gran medida en los 70. No hay avances mecánicos. Igual la historia demuestra que los pueblos rápida o lentamente buscan nuevos horizontes para una vida mejor. Que el deseo se corre y lo que hoy nos conforma, mañana nos deja insatisfechos. Tenemos un gran futuro para nuestras ideas.
Nuestro esquema-juego tiende a alejarnos de la tesis que defiende la existencia del bipartidismo. Los defensores de esta tesis al interior del FAP corren el riesgo de protagonizar “Alianzas” que queden a la derecha del oficialismo. Nosotros planteamos el fortalecimiento de un tercer espacio “adelante y a la izquierda” del oficialismo.


El socialismo.

¿Deberá llamarse socialista nuestro Proyecto o podría tener otro nombre? Más allá del desgaste que pudiera sufrir la palabra, entendemos que ningún otro término ha surgido para desplazarla, la tarea entonces será re-significarla para que pueda recrear un horizonte de cambio superador para el pueblo trabajador y las masas juveniles. Por lo menos en el caso de nuestro Partido.
En cambio, podríamos participar en un acuerdo programático y político que tuviera otro nombre. De hecho eso ocurre en la actualidad. (Proyecto Sur).


Unidad en la diversidad como fuente de Poder Popular.

El Proyecto Socialista (P3) no puede realizarse en los marcos estrechos de los partidos políticos. Debe realizarse en un marco político, social, cultural, ambiental, obrero, estudiantil y de capas medias dispuestas a un cambio profundo.


Propuestas concretas.

Si durante todos estos años el socialismo sobrevivió como una utopía deseable, pero irrealizable por los condicionamientos históricos ¿Qué deberíamos hacer en esta nueva realidad? Hoy  nuestro desafío es mostrar que un Proyecto Socialista además de deseable es realizable. Y debemos proponer, aquí y ahora, las medidas concretas que encarnen el inicio de la transición hacia un nuevo orden social en la Argentina.
La vía argentina al socialismo del siglo XXI debe tener como principio rector “en esta etapa” la elevación social de los sectores más postergados, la profundización democrática, la jerarquización de la creatividad, el debate y la participación para la resolución de los problemas que aquejan a nuestro pueblo, la modernización inteligente y amigable de la economía y –prestar atención- la coexistencia pacífica y democrática con los otros proyectos en pugna.



Mario Mazzitelli.
Sec. Gral. Nac. del PSA (Argentino)


Carta 7 - "Seguimos luchando por el Socialismo."

Martes 12 de febrero de 2013.
Carta 7.- A los jóvenes.
“Seguimos luchando por el Socialismo.”

Desde hace siglos se acuñó la frase: “Todos los caminos conducen a Roma”. El despliegue de caminos a partir de Roma fue tan gigantesco para su época, se habla de 70.000 km, que el dicho parece haber sido cierto durante mucho tiempo. Allí donde interceptaras un camino, éste te llevaría a Roma. Claro, siempre que además acertaras el sentido correcto. Porque, por el mismo camino, podrías alejarte de Roma si vas en dirección opuesta.
Los dichos fueron comunicados durante siglos, de generación en generación y de pueblo en pueblo, por transmisión oral. Los dichos conllevan mucha sabiduría. Son frases de las que se han valido las diversas sociedades para vivir mejor. Para no chocar dos veces con la misma piedra. Pero estos dichos y frases, al igual que los caminos de Roma, pueden ser transitados por baqueanos que llegaran a destino o por desorientados que se alejen cada vez más de Roma.
En las décadas del 60’ y 70’, cuando yo era un niño/adolescente, un sector de la juventud sintió la sensación que llegar al Socialismo era un deseo justo e inapelable. Y que este impulso arrollador podía transitar por uno u otro camino. Y que en todos los casos llegaría a buen destino. ¿Para qué elegir los caminos más lentos y enredados si, cómo enseñaban algunas revoluciones en el mundo, podíamos tomar atajos más cortos? ¿Para qué ir al juego de “ellos”, para el que estaban perfectamente entrenados y nos superaban, si podíamos hacer el nuestro? ¿Para qué hacerle el juego, si sólo buscaban conservar los privilegios, es decir: impedir el cambio? ¿Por qué no abreviar las injusticias y dolores populares si todo se presenta para que lo alcancemos?


 “Todos los caminos conducen a Roma”. Fue un gran error.

No puedo expresar en palabras aquel gigantesco torrente, en el que yo me encontraba con mis propias particularidades. “Sueño de juventud” tema de Discépolo rescatado en la película “Infancia clandestina”. “Sueño de juventud” que, como dice Silvio Rodríguez, “lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida”. Nacer y, un día cualquiera antes que la naturaleza lo indique, dar la vida por un ideal. Hermoso desde el ejemplo al que puede llegar la bondad y la generosidad humana; terrible, visto desde la pérdida de personas únicas, extraordinarias e irrepetibles.
Hoy sabemos, sin mayor esfuerzo intelectual, que no todos los caminos conducen a Roma. Ni todas las acciones nos llevan al Socialismo. Qué un camino nos puede llevar a uno u otro destino, qué lo podemos traspasar transversalmente, qué lo podemos puentear o cruzar por un túnel. Nosotros lo queremos retomar y avanzar en la dirección correcta. Porque ese camino existe y es deseable y es posible.


Medios y fines.

Dijimos encartas anteriores que no debe existir dicotomía entre medios y fines. Malos medios para fines buenos es el Horror. No sirve. El camino tiene que ser tan deseable y ético, como la utopía a la que queremos llegar. Entendiendo que, si en cada punto del camino no hay una parte de la utopía soñada, estamos en el camino equivocado


Mantenemos la bandera.
                                                                       
Y damos lucha a los que se entregaron, pasándose de bando; a los que huyeron, cayendo en el escepticismo; a los que se resignaron, pensando que no hay alternativa; y a los que se avivaron, “vistiéndose de progres y sirviendo al enemigo”.


Nos derrotaron. Pero no nos vencieron.

El debate sobre la organización de la sociedad argentina fue cerrado a sangre y fuego. Volveremos una y otra vez sobre este tema. Nosotros lo queremos reabrir. Queremos reabrir el debate sobre el “socialismo” basados en la realidad injusta que nos rodea. No nos queremos llevar a nadie por delante. No nos sentimos los dueños de la verdad. Con nuestras ideas queremos chocar las ideas y la realidad existente para que haya cambios positivos. También nuestras ideas sufrirán cambios, que serán bienvenidos cuando sean para mejor. Sin dejar que se desvíen del objetivo que queremos alcanzar “un socialismo ético, humanista, ambientalista, libertario, argentino y latinoamericano”.
Que lo sepan nuestros enemigos: no nos han vencido.


Mario Mazzitelli.
Sec. Gral. Nac. del PSA (Argentino)


Carta 6 - "La ética, fundamento último de un Proyecto Emancipador."

Sábado 9 de febrero de 2013.
Carta 6.- A los jóvenes                                                                                         
La ética, fundamento último de un Proyecto Emancipador.

Empecemos por lo cotidiano.
  Cristina se pone nerviosa cada vez que le piden explicación sobre el crecimiento descomunal de su patrimonio. Se irritó en Harvard y se puso frenéticamente twittera ante una interpelación bienintencionada de Ricardo Darín. Pero no logró explicar cómo los 6 millones con los que llegaron (Él y Ella) al Poder Ejecutivo Nacional en 2003 se transformaron en 80 en 2011. Como nunca explicaron (Él y Ella) la administración y el destino de los 600 millones de dólares que llegaron a Santa Cruz como recompensa por haber sido los abanderados de la privatización de YPF.
  Muchos de sus seguidores también se fastidian y nos enrostran que “el modelo de crecimiento económico con inclusión social” requiere de una dirigencia liberada de presiones económicas. Tampoco responden: ¿Cómo se acrecentó el patrimonio? ¿Hasta dónde necesitaban que creciera? ¿En qué momento van a lograr la tranquilidad para no tener necesidad de seguir incrementándolo?


El fin no justifica los medios

    Otros sostienen que: “El fin justifica los medios”. Para el caso tampoco se responde a las siguientes preguntas: ¿Qué relación tiene el medio (enriquecerse), con el fin (ejecutar un proyecto político)? ¿Por qué otros pueden ejecutarlo sin necesidad de enriquecerse? Y ¿Desde cuándo el fin justifica los medios?
No robarás.                                                 
    En este caso, tal vez, estemos hablando del séptimo mandamiento: “no robarás”. No te enriquecerás a expensas de los otros. No acrecentarás tu riqueza por transferencia de bienes públicos. No harás negocios privados con lo que pertenece a todos. No acumularas más patrimonio que el promedio de la sociedad.
Estamos totalmente de acuerdo con estos principios.


Ser realistas sin degradar principios.

     No exigimos a los integrantes de nuestro proyecto socialista, una “entrega total por la causa”. Cuestión que, naturalmente, queda reservada a una definición personal. Entre otras cosas, porque muchas veces exagerada y sobreactuada “la entrega total por la causa”; termina generando su contrario, con personajes enlodados en la acumulación de objetos y riqueza. Eso muestran algunas experiencias en el mundo.
     Exigimos si, con total convicción, respetar el principio de no tomar de la sociedad, sino aquella parte que nos permita desarrollar una buena vida, digna y plena. Sin exuberancia, ni derroche. Y tampoco privaciones, dado que ya hemos dado el salto histórico de “la sociedad de la escasez a la sociedad de la abundancia”; y carecería de sentido realizar “votos de pobreza” para demostrar nuestro compromiso social.
Como observarán creo en los principios rígidos; tanto como que, en la vida cotidiana, debemos actuar con cierta flexibilidad. Sin aceptar jamás (por acción u omisión) convivir con la corrupción. Esto nos distancia del oficialismo, más allá de cualquier otra consideración política.
     Aclarado esto, porque creo que el tiempo histórico político así lo exige, dejo constancia que esta mirada desde la ética tiene una connotación negativa (no robarás) y que, en mi consideración, debemos subir el rol de la ética varios escalones para que pueda cumplir toda su potencialidad positiva.


La ética como sentido del deber ser.

     ¿Existe un deber ser? Entiendo que sí. Dicen que Sócrates lo sintetizó en una frase: “tratando de ser mejor cada día y no cometiendo jamás injusticia alguna”. El esfuerzo por elevarse, por cultivarse, por perfeccionarse; en la vida cotidiana, en la relación familiar, en un oficio, una profesión o la militancia; resulta en una virtud que nos debería llenar de satisfacción y dar sentido a nuestra existencia social. Sin duda nos plantea nuevos desafíos y nos apega a la vida.

     Nadie puede, ni debe, como individuo; olvidarse de sí mismo. Disfrutar de un “buen vivir” nos debe predisponer a sentir que este goce es merecido por todos. Y de allí debiera nacer nuestro espíritu de justicia,  nuestro compromiso social. También el dolor y el sufrimiento de una injusticia pueden inducirnos a la acción social negativa o positiva. Transformar esa fuerza negativa (donde el dolor y el sufrimiento del otro, puede ser considerado “justo”), en un valor positivo (evitarle al otro el dolor y el sufrimiento de la injusticia), es una tarea propia de la ética; como reflexión correctora y virtuosa de los seres humanos.
Ya podemos afirmar que no se trata de una teoría abstracta. Se trata de una praxis (Teoría, práctica, reflexión y práctica “nueva”) En términos generales la podríamos definir así: “el comportamiento Ético es el ejercicio virtuoso de la Libertad, que busca la realización de la Justicia y el Buen Vivir”. Y, en términos particulares, habrá que definirla en cada situación.
   Los mandatos éticos son construcciones del sentir, del pensar y del hacer humano. Que han cambiado a lo largo de la historia conforme el mejor rol social de quienes los defendieron. No son dogmas, pero su imperativo moral induce a comportamientos más elevados.
     No hay ética sin Libertad. Esto es claro. Quién no tiene opciones, quien solo puede recorrer un camino, quien está sometido a un accionar unidireccional por imperio de fuerzas materiales o espirituales; no puede poner en juego ningún principio ético.
     La ética se realiza junto al sentido de lo justo. Observemos, sin embargo, que el sentido de justicia no permanece inmutable tampoco a través del tiempo. Entonces ¿podríamos caer en un relativismo ético? No. Dice Alfredo Palacios en su libro “La Justicia Social” que la justicia: “…podría definírsela como la proporción entre lo que se da y lo que se exige, para que dentro del orden social pueda el hombre (la mujer) cumplir su destino por el desarrollo de todas sus facultades”. “La justicia, en todos los casos, encierra el sentido de proporcionalidad y armonía.” En ese marco genérico, cada sociedad, época, cultura o individuo, apreciará el sentido de lo justo. A nosotros, como partido político, comprometido con las personas y el ambiente, nos corresponde en el tiempo histórico y lugar geográfico que nos ha tocado; definirlo de la manera más precisa y luchar para alcanzarla. Si sostenemos que la emancipación individual, social y nacional, es nuestro objetivo; ese es nuestro “deber ser”, nuestro “deber histórico”, nuestro “exigente desafío ético”, sin otro relativismo que el que nos impone los límites de nuestras propias fuerzas, inteligencia y dudas. Que al fin y al cabo son humanas, y nada tienen que ver con las posibilidades infinitas de los dioses.

     Agrego estas palabras de Alejandro Korn, contestando a quienes piden un criterio para delimitar lo justo y lo injusto. “…el hombre es una personalidad autónoma; las valoraciones que establece frente a los hechos que lo afectan están en su conciencia y no hay ninguna autoridad superior a nuestra conciencia. Esa es una consecuencia forzosa de la afirmación de la personalidad humana. Si formáramos parte de un rebaño, sería el rebaño, pero si somos personalidades autónomas somos nosotros, cada uno dentro de la soberanía de su personalidad el que resuelve; así lo ha hecho la humanidad siempre, y no digo nada nuevo, sino refiero lo que siempre ha ocurrido. Ante los hechos se han levantado espíritus rebeldes, con o sin razón, dispuestos a ir a la guillotina o la hoguera por sus convicciones. Desde el momento en que estoy dispuesto a sacrificar mi existencia por lo que creo justo, ¿Quién decide? No puede haber otro juez u otra autoridad más alta…..Pero decidir cada uno, en la práctica sería la anarquía.”
      Sigue: “El hombre no puede ser un águila aislada; puede subir a la hoguera o el cadalso por sus convicciones, pero el hombre no puede irse a la pampa y vivir solo y aislado de la sociedad. Está dentro de la sociedad y tiene que desenvolverse en ella; tiene que ejercer siempre su influencia en los semejantes, si quiere realizar el ideal de justicia, si quiere evitar la injusticia.”


La ética como fuerza moral del cambio social.
       La construcción de una nueva sociedad es una aspiración ética que nos induce a luchar por ella. Por eso nos organizamos como fuerza política. Y dejamos el discernimiento, si el cambio sobrevendrá de un salto o de a poco, para aquellos observadores que tienen un cronómetro para medir la historia. Defendemos la idea de socialismo como legado histórico frente al capitalismo. Mientras este saca su motivación y mantiene el deseo a partir de la optimización de la renta del Capital, para lo cual no se detiene ante impedimento moral alguno; “El socialismo aspira a fundar una sociedad sobre la libertad y la justicia social. -Palacios- Parte de un juicio moral sobre la injusticia del régimen capitalista actual, y considera a la justicia un imperativo moral.

       A sabiendas que, el siglo XXI, reclama nuevas respuestas que den lugar a la cuestión nacional, regional y mundial, ambiental, cultural, del  desarrollo económico, de defensa de la biodiversidad, etc. Nuestra pretensión sigue siendo edificar la nueva sociedad en un sistema de valores distinto. Y si bien aceptamos que en el curso del desarrollo de los acontecimientos, por efecto de las luchas sociales, los valores (entre lo nuevo que nace y lo viejo que perece), se entremezclan generando gran confusión; seguimos sosteniendo que: en nuestra realidad de país saqueado, de capitalismo subordinado y periférico, prevalecen los valores primitivos del capitalismo.
      Tratamos de diagnosticar con claridad y actuar en consecuencia. Si este sistema, al solo efecto de preservar su  propia supervivencia, adopta elementos solidarios propios del régimen por venir; les decimos: bienvenidos. Al mismo tiempo que señalamos que no alcanzan a torcer el rumbo de un sistema depredador del ser humano y la naturaleza. Por eso no cambiamos la aspiración de fondo que es fundar la nueva sociedad.
      Para avanzar un paso más en esta carta voy a hacer una reflexión acerca de la relación entre la mirada científica de la historia y la intervención ética de los seres humanos en el curso de los acontecimientos. 
      Carlos Marx, en el Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política (1859) dice:
“...en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.”

       A partir de esta frase se trató de asignarle al “socialismo” la pretensión de un determinismo en el que las mujeres y los hombres nada podrían hacer, sino esperar a que las condiciones materiales de existencia permitieran la realización de los cambios deseados.
      Esta interpretación unilateral y absurda se daba de bruces con la propia convocatoria del autor de la frase a los trabajadores “proletarios de todos los países uníos”. ¿Unirse para qué? Para realizar una nueva sociedad donde el “hombre dejara de ser el lobo del hombre”, para relacionarse entre sí como verdaderos hermanos.
      La tesis de fondo la podríamos sintetizar de esta manera: Cuando las mujeres y los hombres comienzan a tener una comprensión cabal de las relaciones de producción; es decir no una mirada idílica o mistificada sino científica, ya serán dueños de intervenir en el cambio de estas “relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales”. Y en esa “comprensión e intervención” comenzará a observarse la posibilidad de transitar por más de un camino. No arbitrario, sino condicionado por esa misma realidad determinada. Y con “inteligencia y creatividad”, proponer “otro camino posible”. Allí nace la “Libertad” para una clase social subordinada y sometida por siglos a reglas y principios que desconocía y sobre los que nada podía hacer. Ahora conquistada esta “Libertad” por la “comprensión y la intervención” y en ejercicio de su “inteligencia y creatividad”, deberá definir hacia donde se orienta ese “otro camino”, que sin duda deberá ser la Justicia. Se estará transitando del “reino de la necesidad” que ciegamente impuso las condiciones materiales de existencia a los seres humanos, al “reino de la libertad” donde los seres humanos comienzan a edificar el edificio social conforme a firmes reglas éticas orientadas a la justicia, como camino al buen vivir de todos y todas, en una sociedad donde la realización del conjunto se sostenga en la realización de cada uno.
Así la sociedad democrática será dueña de su destino. Y “el comportamiento Ético será el ejercicio virtuoso de la Libertad, que busca la realización de la Justicia y el Buen Vivir”.
     Otro escalón tendrá que ver con la ética en el impetuoso desarrollo científico y tecnológico.

     Para no extenderme voy a decir que la ciencia y la tecnología no tienen mandamientos éticos per se. El viejo ejemplo que un cuchillo en unas manos salva una vida y en otras termina con una vida, alcanza para comprender que es la ética la que distingue un comportamiento de otro.
     El asunto es que la ciencia y la tecnología son el fruto de los principios y valores que dominan una sociedad.
     Por ejemplo una de las industrias de punta con mayor desarrollo científico y tecnológico es la armamentista. Su evolución es incesante. Las inversiones en investigación y desarrollo enormes. Sus productos maravillan. Pero son armas para asesinar, aterrorizar, amedrentar y dominar. No puede ser admisible que en un mundo con 4/5 partes hundidas en la pobreza y mil millones de seres humanos sometidos al hambre, las sociedades más pudientes derrochen cifras multimillonarias en armarse cada día más. Ni hablar de la carrera nuclear, apocalipsis sufrido el 6 de agosto de 1945 por la población japonesa de Hiroshima y tres días después por la de Nagasaki, y hoy amenaza la supervivencia de la Humanidad en las ojivas de miles de misiles apuntando estratégicamente sobre las zonas más pobladas del planeta. Por eso la lucha por el desarme es una lucha ética en la que debemos estar enrolados. Sin infantilismos, pero allí debemos estar.
     Alguien podría decir que hay desarrollo científico para la vida, por ejemplo en la industria farmacéutica. Falso. Es para el negocio. Medicamentos superiores no salen en defensa de la vida porque terminan con el negocio de la producción de medicamentos que no curan pero se venden en forma permanente. Lo denunció un premio Nobel de medicina hace años, sin que se pudiera cambiar la regla: se produce para ganar dinero, no para curar.
     Si observamos otra rama que podría reivindicarse es la que busca mejorar la producción de alimentos. De nuevo. Ahí tenemos a Monsanto. Desarrollando mutaciones genéticas que solo buscan mejorar el rendimiento/ganancia. Nadie sabe cuáles serán las consecuencias futuras de estas mutaciones, nadie responde sobre cuanto agro-tóxico se puede depositar en una parcela de tierra sin envenenarla, nadie da cuenta de la bio-diversidad asesinada en nombre del progreso. La fiebre de la ganancia en la multinacional, en quien produce y en el gobierno, impulsan a su extensión. Incluso devastando bosques y la vida humana, animal y vegetal que ella contiene. ¿Quién rompe esta Alianza sino una reflexión ética cuyo objeto sea la Justicia y el Buen Vivir?
    La ética pasa de simple reflexión a poder real cuando es asumida por muchas cabezas, anuda relaciones en nuevas organizaciones y disputa en el terreno ideológico, político y propagandístico. Da lucha a lo establecido y abre una perspectiva mejor para el desarrollo de la vida.
   
    Teniendo el tema tantas aristas dejo sentadas estas pocas líneas como rectoras de nuestro Proyecto Político.

Mario Mazzitelli.
Sec. Gral. Nac. del PSA (Argentino)